"La estancia del célebre científico en la capital cubana entre el 19 y el 20 de diciembre de 1930, quedó inscrita como uno de los acontecimientos noticiosos más importantes de ese año en el país"
A bordo del vapor Belgenland, en la mañana del 19 de diciembre de 1930 el eminente físico matemático alemán Albert Einstein arribaba al puerto de La Habana acompañado de su esposa Elsa, como parte de un viaje iniciado 17 días antes en Amberes, Bélgica, y cuyo destino final era la ciudad californiana de San Diego, en la costa norteamericana del Pacífico.
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| Única foto en cuba.Reproduccion |
Hasta el mismo barco fueron a saludarlo directivos de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y de la Sociedad Geográfica de Cuba (SGC), quienes además de darle una cálida bienvenida, lo invitaron a un agasajo que le habían preparado en la sede de la primera asociación mencionada.
Los efectos del intenso sol tropical predominante hicieron que el Premio Nobel de Física en 1921 sudara copiosamente, mientras trataba a la vez de protegerse el rostro de la fuerte radiación, en particular los ojos, con la ayuda de ambas manos.
Como narra el profesor José Altshuler en su libro Las 30 horas de Einstein en Cuba, el creador de la Teoría de la Relatividad manifestó enseguida su deseo de ir primero a comprar un sombrero que lo resguardara de la molesta luz de los rayos solares.
Prestos a complacerlo, sus anfitriones lo llevaron de inmediato a la tienda El Encanto, la más famosa y lujosa de la urbe habanera. Una vez allí el gerente tuvo la iniciativa de obsequiarle uno de los mejores jipijapas que ofertaban ese día.
Einstein insistió en pagarlo, pero el dueño del establecimiento quiso regalárselo. Finalmente le pidió al sabio alemán que aceptara posar para hacerse un retrato en el estudio fotográfico del centro comercial, con la finalidad de tener un recuerdo permanente de aquella visita.
Tras colocar al célebre científico delante de un fondo negro para resaltar toda la expresividad de su cara bondadosa, el artista Gonzalo Lobo tomó la foto, que constituye el único retrato de estudio hecho a tan ilustre personalidad en suelo cubano.